Cuando vinieron al Perú para disfrutar su luna de miel, jamás imaginaron que el sol de estas tierras los cautivaría para siempre. Héctor Oldani e Isabel Donna se hallaron, de pronto , viendo nacer y crecer a sus hijos bajo el cálido sol de Ica, donde hallaron alegría y sustento. ¿Debido a qué extraño designio se habían venido quedando?
Si bien, tras jubilarse, ambos decidieron retornar a la Argentina, el discruso de los días los convenció de que estaban más cerca del país que los había acogido que de su tierra natal, entonces determinaron regresar sobre sus pasos y volver al Perú.
Isabel tenía la destreza de preparar las masas de las pizzas y las empanadas con primorosa diligencia. ¿Por qué no ofrecer el sabroso resultado de aquellos secretos de familia y de su infancia en Lima?
Luego de recorrer las calles de Buenos Aires, cada uno por su lado, anotando los nombres que más les agradaban de aquellos anunciados en la vía pública, los dos habían coincidido en uno, Maverick, pero sin las consonantes finales. Siendo que los nombres de sus hijos, Marisa y Henry, estaban incluidos en aquel, todo esto les hizo gracia y resolvieron que así se llamaría su aventura.
Fue en su propia casa de la Avenida del Ejército, en Miraflores, donde empezaron a atender a los visitantes, provistos de una sola y larga mesa sobre la cual una cantidad cada vez mayor de amigos, comenzó a probar las creaciones culinarias de Isabel. Corría el año 1979.
Toda la familia Oldani Donna se entregó a la tarea de atender las exigencias de un público apatente y satisfecho, Henry fue ganando experiencia y agregó a la carta sus propios ingenios, el país pasó por todas las peripecias imaginables que la historia registra pero el Mavery creció, pese a ello, vigoroso, cultivando el más intimo secreto de la casa: hacer de la concurrencia parte de su propia familia.
Ni la física desaparición de sus fundadores impidió que el Mavery dejara de recibir a sus amigos, porque el espíritu de Héctor e Isabel ha permanecido como la vida siempre permanece más allá de la vida.
La familia de Mavery sabe que las puertas de esta su casa nunca dejarán de estar abiertas. No hay nada como celebrar la dicha de volvernos a encontrar.